Por qué llamar a los genitales de los niños y niñas por su nombre


Cabecera 2, Psicología / jueves, febrero 1st, 2018

Llamar a cada cosa por su nombre es darle valor y reconocimiento. Hasta hace bien poco, hablar de genitales daba pudor. En algunos sectores sigue siendo así, sin embargo hay que reconocer que la sexualidad forma parte de nuestras vidas. Unos dicen que los niños tienen “pito” o “pitillo” (algo que no dudo que todo el mundo entiende). Otros dicen que las niñas tienen “tete”, “chisporri” (ya no tengo tan claro que fuera de casa se sepa a qué se refieren). Y otros usan otros términos más comunes, como “chochete” o “chichi” (me suenan algo bastos).

Lola Vendetta ilustra genial una de las muchas consecuencias que esto conlleva, algo que a muchas niñas le ha ocurrido, creer que tan solo tienen dos “agujeritos”, uno para hacer caca y otro para hacer pipí.

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Lola Vendetta

A medida que van creciendo, los/as niños/as van aprendiendo las distintas partes del cuerpo. Nos encargamos de enseñárselo. Señalamos un ojo y automáticamente decimos: O-JO. Pero no hacemos lo mismo con los genitales, fomentando inconscientemente la idea de que es una parte prohibida o de la cual avergonzarse

Según Rebeca López Marco, psicóloga y sexóloga. Como experta en el tema opina que el origen de los apelativos a los genitales provienen del pudor y de la costumbre a escuchar esos términos.

Ella propone respetar ese pudor y aclarar que los apelativos no son sus verdaderos nombres, aunque los llamemos así. Identifica este como un buen momento para abrir debate sobre por qué nos cuesta tanto usar su nombre y les ponemos “motes” que, a veces, pueden ser cariñosos pero muchas otras también implican algo peyorativo.

A continuación te explico algunos de los motivos por los que creo que es importante que, al menos, los niños y niñas sean conscientes del verdadero nombre de los genitales.

Llamar los genitales de los niños y niñas por su nombre es una herramienta contra el abuso sexual.

El motivo fundamental de mi insistencia en llamar a cada cosa por su nombre es que haciéndolo ayudamos a prevenir el abuso sexual o por lo menos a identificarlo:

-Poder hablar de sus genitales sin vergüenza puede llegar a disuadir a la persona que intenta abusar, porque sabrán que podrá contar lo sucedido con más detalles.

-Si no sienten que es algo de lo que avergonzarse, es más probable que lo cuenten a una persona adulta en quien confíen.

-Si se produce una situación de abuso sexual infantil, la persona adulta de confianza puede identificar sin problemas la situación.

-Si se produce abuso infantil, cuando se realice la denuncia, quedará más claro cuando se realice el peritaje judicial.

Nombrar adecuadamente los genitales a los niños y niñas es importante para adquirir nociones de cuidado.

Es parte importante de una adecuada educación sexual en la primera infancia que sepan identificar con sus nombres la vulva y el pene y los testículos. Al hacerlo así le estamos dando la misma importancia que a cualquier otra parte del cuerpo, y nos permite generar nociones de autocuidado e higiene.

 

Llamar a los genitales por su nombre cuando hablamos con los niños y niñas genera confianza para que puedan seguir preguntándonos.

Pizarro cree que “no hay que usar eufemismos porque los niños perciben que hay un tabú, que hay algo malo y que lo tienen que explorar de otra manera“.Es decir, que se dan cuenta en seguida de que mientras a las demás partes del cuerpo las llamamos por su nombre, sentimos cierta vergüenza al hablar de los genitales, que además están normalmente tapados. Y esto precisamente coloca un foco sobre estas partes, llama más su atención. Pero a la vez, no confían en nosotros para preguntarnos al notar nuestro reparo.

Hablar de los genitales sin tabú, sin reparo, expresando cuál es su nombre correcto, propicia el ambiente correcto para que acudan a nosotros si necesitan más información. Aunque lo más seguro es que, haciéndolo de esta forma, esa información irá surgiendo de forma progresiva.

Es muy recurrente en el cine encontrarnos con la escena de “La Conversación”. Lo ideal sería poder hablar de los genitales y su función libremente, incorporándolo en el día a día. Poder hablar de privacidad, de placer, de su función, de higiene, del momento y el lugar, de consentimiento…

 

Llamar a cada cosa por su nombre ayudará a identificar las dolencias más claramente.

Poder hablar apropiadamente de sus genitales, sin vergüenza, hace más fácil el diagnóstico médico. Además los adultos podemos acudir antes a buscar ayuda profesional.

Cuando hablé con la sexóloga Rebeca López, me abrió los ojos del cariz que últimamente está tomando la Educación Sexual. Parece que se pone el énfasis en el miedo.

Ella considera que la educación sexual se realiza siempre y no es algo que quede relegado a los profesionales.

Quien realmente está haciendo educación sexual de manera permanente es la familia.

Rebeca López Marco, sexóloga.

Define la educación sexual como: “la educación de los sexos, y si me apuras, de los sexos en relación”.

Desde su perspectiva, una sexualidad saludable, unas relaciones saludables… tienen que ver con una aceptación de quién yo soy y, para eso, tiene que haber un autoconocimiento. Este autoconocimiento es necesario para el desarrollo de niños y niñas, que debe ser sano, pero también feliz y libre.

Todo este proceso de conocerse y aceptarse va unido a la conciencia de ser niño o niña, mejor dicho, de ser el niño y la niña que yo soy: única y único. Y es que no hay un solo modo de ser hombre o ser mujer.

Termina con esta reflexión: “Sabiendo esto, ¿No es más fácil crecer en libertad, escuchando los propios deseos?”

Por tanto, al cambiarlos o asearlos, tenemos que decir, “ahora te voy a lavar el pene o la vulva”, igual que se diría con las manos, los pies o cualquier otra parte. Es el mismo consejo que les da a los padres de sus alumnos, que, dice, se lo toman bien. “Pero sin hacer grandes fiestas, para no focalizar su atención en eso ni darle más importancia de la que tiene”.

Cuando son más pequeños, simplemente basta con designar cada parte con su nombre. Pero más adelante, como hacia los dos años, empiezan a preguntar por las funciones de los genitales y notan que los masculinos y los femeninos son distintos. A los tres, por ejemplo, los niños se dan cuenta de que tienen erecciones, y sienten curiosidad por ello. Aunque el tema de la educación sexual da para un post mucho más amplio, no está de más adelantar alguna idea: Pizarro explica que no hay que agobiar a los críos con charlas detalladas, sino “dar la información que estén preparados para entender”: por ejemplo, al principio es solo por donde se hace el pis, y después, se va añadiendo información, “pero a pasitos, para que vayan asumiendo los conceptos y elaborándolos”.

“Están investigando y descubriendo su cuerpo todo el rato, y hay que ayudarlos con naturalidad”, dice. Por eso, recomienda que los propios padres, que muchas veces no hemos tenido una educación sexual amplia ni adecuada, nos informemos y nos planteemos los temas que puedan ir surgiendo antes de enfrentarnos a sus dudas. Para eso, pueden servir guías como esta sobre educación sexual en la primera infancia o educación sexual niños

En fin, ¡a estudiar!

MamaJuana Banana

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