MICROMACHISMOS ¿Dónde? En camisetas infantiles: "bonita cómo mamá", "inteligente como papá". En los baños de mujeres. En bikinis con relleno para niñas. En cuentos de princesas.


Cabecera 2, Psicología / domingo, enero 28th, 2018

Que vivimos en un sistema machista y heteropatriarcal no es ningún secreto. ¿O de verdad piensas que existe la equidad de género? ¿Sí?¿De verás? Entonces quédate que te voy a contar una cosita sobre los micromachismos.

Son pequeñas cosas, como las camisetas para bebés que puso a la venta Hipercor hace apenas unos meses. Las de ellos eran en color azul y en el pecho se leía: “Inteligente como papá”. Para ellas, en rosa, cómo no, la leyenda era: “Bonita como mamá”. Es cierto que ante las numerosas críticas, el grupo retiró la mercancía, pero el hecho es que a ninguno de sus diseñadores (¿todos hombres, no había féminas en el grupo? No se sabe: el lenguaje no las deja ver) se le ocurrió escribirlo al revés (inteligente como tu progrenitora y guapo como tu padre). Lo grave es que ante estos hechos una parte importante de la sociedad no se altera; es lo normal, como que en los baños de mujeres aparezca el icono de bebés indicando que allí se pueden cambiar pañales. ¿Y los padres?

Para Yolanda Besteiro, presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas, “lo más grave es que la mayoría de las veces este tipo de comportamientos y promociones se hacen sin mala fe, de manera inconsciente, porque los estereotipos permanecen de manera soterrada en la sociedad”. Es de halagar que la marca comercial retirara rápidamente la campaña, pero hace apenas unas semanas, el grupo de El Corte Inglés volvió con otro: un espacio marcado como “outlet para ellas” que no era más que un recogedor y una escoba rosa pensado para las mujeres. Meses antes, la multinacional Carrefour lanzaba un biquini con relleno para niñas de nueve a 14 años.  ¿Verdad que no resulta fácil imaginar que lanzaran un bañador de niños con paquete incorporado?

El primero que acuñó el término de micromachismos fue el terapeuta argentino Luis Bonino en 1990. Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo, violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia. Lo grave de ellos, según coinciden los expertos y que están en la socialización de hombres y mujeres y lo imperceptibles que resultan. De ahí su perversidad, señalan unos y otras. “Producen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se agrava con el tiempo”, señala Bonino.

Los varones (un término que repiten los expertos para evitar el de hombres, entendido casi siempre como neutro y aglutinador de ambos sexos) buscan con estas actitudes, según el psicólogo Javier Miravalles, imponer al aumento de poder personal de la mujer y aprovecharse del papel de “cuidadora” de ellas.

Bonino clasifica los micromachismos en cuatro tipos:

-Utilitarios. Afectan principalmente al ámbito doméstico y a los cuidados hacia otras personas abusando de las supuestas capacidades femeninas de servicio y la naturalización de su trabajo como cuidadora. En la casa, un ejemplo claro de un hombre supuestamente colaborador se vería en la frase: “Cariño, te he puesto la lavadora”. A lo que una mujer que los detecte debería preguntar: “¿Dónde?”, dado que ambos ensucian ropa.

-Encubiertos. Son muy sutiles y buscan la imposición de las “verdades” masculinas para hacer desaparecer la voluntad de la mujer, que termina coartando sus jer, que termina coartando sus deseos y haciendo lo que él quiere. Hay micromachismos en los silencios, en los paternalismos, en el
“ninguneo” y en el mal humor manipulativo. ¿Quién no ha escuchado en casa: “Calla, que papá está enfadado, viene muy cansado del trabajo y necesita las cosas así”.

-De crisis. Surgen cuando ellas empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la pareja. Se pueden reconocer en la frase: “Tú sabrás qué hacer (con las tareas domésticas), si trabajas”.

-Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su poder, limitar la libertad de la mujer y restringir su capacidad de decisión. Suelen afectar al espacio y tiempo de ellos y ellas; y pierden siempre las segundas. Se ven en quién ocupa el mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en cómo un hombre abre las piernas y reduce el espacio de una mujer en un vagón de metro… En cuanto al tiempo, el varón, lo dicen todos los estudios, cuenta con más ocio para sus cosas, ya sea irse a montar  en bici los fines de semana o salir con amigos a ver el fútbol…

 

 

EL ENGAÑO DEL PRÍNCIPE AZUL

Y en este momento es cuando llegan las princesas, una historia, que vista con una perspectiva de género, resulta demoledora para las mujeres y que lleva siendo el sueño inocente de toda niña desde que empieza a balbucear.

Érase el cuento que nos contaron.


Sí, en ellas, las princesas, tan bellas, tan rosas y tan pacientes, se encuentra toda la violencia “leve” de los machismos. “Las princesas son guapas, están asustadas y se enamoran del primero que las salva. Y del segundo, y del tercero. Y esperan, encerradas en su torre, sin hacer nada para escapar de ella. Y nosotras aprendimos a ser como ellas. Aprendimos a obligarnos a ser guapas, lo que significa fracasar  eternamente en intentar parecerles guapas a los demás. Aprendimos a esperar a que el príncipe azul nos solucionara la vida, que significa construir nuestra vida en torno a la  la idea de conseguir y mantener una pareja, y  sólo así sentirnos completas. Aprendimos a querernos poco, y sólo a costa de lo que nos quisieran otros”, reza un texto de la Faktoria

La catedrática de Lingüística Luisa Martín Roja habla también de la necesidad de que desarrollemos una conciencia del uso que hacemos del lenguaje, que es lo que resulta machista. Véase lo doblemente ofensivos que resultan los insultos dirigidos a ellas; no es lo mismo “perro” que “perra”, ni “toro” que “vaca”, y no es culpa de las palabras. La académica cree que la herramienta, la lengua ofrece muchas posibilidades: el doblete (de ellos y ellas), el uso de otros sinónimos que engloben a ambos sexos o hasta la utilización sólo del femenino para nombrar a un grupo de personas como están haciendo los más jóvenes. 

 

Tinta libre

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