A la oscuridad, a los extraños, a los monstruos… ¿Cómo afrontar miedos infantiles?


Psicología / miércoles, enero 3rd, 2018

Todos los niños sufren algún miedo

A la oscuridad, a los extraños, a los monstruos… Todos los niños pasan por épocas en las que adquieren y tienen que superar diversos miedos que van cambiando.

Si tu hijo está en una de ellas consuélate pensando que, aunque sus miedos no resultan agradables ni para él ni para vosotros, cumplen una importante función: ayudan al pequeño a madurar y le enseñan a ser precavido.

Y no solo eso: cuando su padre y tú os adentráis en su mundo y le demostráis que le comprendéis, le ayudáis a superarlos. Así, al tiempo que se asienta su autoconfianza, se afianza el vínculo entre vosotros.

Estrategias efectivas

Los niños pierden estos miedos al adquirir una comprensión más racional del mundo. Pero esto requiere tiempo y hasta que lo logran lo pasan fatal. En general, para ayudar a tu hijo:

  • Respeta lo que siente. Su temor es real y si razonas con él para intentar convencerle de que se equivoca en sus percepciones, se pondrá nervioso, mientras que si nota que le comprendes (“ya veo que el perro te asusta”), se calmará antes.
  • Conviértete en su aliada. Volviendo al ejemplo del perro, ponte en cuclillas a su lado para observar juntos al animal. Al bajar a su altura le haces ver que no necesita ser rescatado, lo que le tranquilizará.
  • Enfréntale a su temor poco a poco. Si le asusta el pediatra, léele cuentos sobre médicos y regálale un maletín de juguete antes de llevarle a la consulta. Si es la aspiradora, invítale a manejarla, pero no le obligues. Y si la clase de natación es un drama, déjala para más adelante.
  • Evita las situaciones críticas. Si visitáis a unos amigos que tienen perro, pídeles que lo aten. Cuida también lo que ve en la tele: muchas imágenes dan pie a pesadillas.
  • Controla tu actitud. Si le sonríes y no te alteras, le das confianza. Si te alarmas, te enojas o haces un drama (por ejemplo, en las despedidas), le reafirmas en su temor.

Casos especiales

Ya sabes que la mayoría de los miedos infantiles son normales a cierta edad y deben ser tratados como tales. No obstante, hay que prestar una atención especial a los que aparecen a partir de un hecho traumático, como la muerte de un ser querido, un accidente, un ingreso hospitalario, etc. En estos casos puede ser conveniente buscar ayuda profesional.

De 0 a 1 año de vida

En los dos o tres primeros meses de vida al bebé le sobresaltan los ruidos fuertes o los movimientos bruscos. Sin embargo, su reacción se debe a un acto reflejo, porque hasta los 6 meses apenas conoce el miedo.

De hecho, una investigación ha demostrado que si se pone a un bebé de 3 meses encima de una mesa de cristal no tiene miedo a caer a pesar de percibir la profundidad, cosa que sí sucede a partir de 6 meses, cuando ya manifiesta este temor.

A partir de esta edad el niño también se asusta al oír el ruido de la batidora o al ver a un hombre con barba, por ejemplo.

Y enseguida aparece el miedo a la separación: el peque llora cuando tú o su papá salís de la habitación en la que está. Esta reacción, consecuencia de su mayor autonomía (ahora empieza a desplazarse por sí solo), es muy positiva, porque demuestra que el bebé ya sabe que él es un ser independiente, no una parte de ti, e intuye que estar solo puede ser peligroso.

Además, ahora ya distingue bien entre las caras familiares y las desconocidas y surge el miedo a los extraños, señal de que se ha establecido un buen vínculo afectivo entre vosotros.

Cómo actuar

  • Intenta no moverle de una manera brusca ni someterle a ruidos fuertes. Así le evitarás sobresaltos innecesarios.
  • En la fase del miedo a los extraños, respeta su necesidad de estar contigo y ayúdale a acercarse a las personas que no conoce desde tus brazos.
  • Si tiene miedo a perderte de vista, sigue hablándole cuando te alejes de él. Así irá aprendiendo que aunque no te vea, sigues estando cerca.
  • Otra forma de enseñarle que lo que deja de ver no desaparece es jugar con él al cucú-tras, escondiendo su juguete con un pañuelo o escondiéndote tú.

Qué asusta al niño con 1 o 2 años

Ahora se amplía el abanico de situaciones u objetos que pueden asustarle. Continúa existiendo el miedo a la separación y a ello se une que el pequeño ya puede anticiparse a lo que va a ocurrir: por esta razón llora cuando llega el momento de quedarse en la guardería.

Por otro lado, como ya sabe que las cosas existen aunque él no las vea, comienza a tener miedo a la oscuridad. Y es probable que una noche te llame gritando o que un día, al acostarle, se agarre a tu cuello con fuerza para que no te vayas.

También le asustan los fenómenos naturales (el viento, la lluvia…) o el mar, un lago o la bañera grande, todas ellas superficies enormes para él, en las que siente que puede perderse.

Y animales como los perros, las arañas o las hormigas, porque no llega a entender su comportamiento.

Todos estos miedos tienen una vertiente positiva: indican que el niño está madurando y que es cada vez más consciente de su persona y de lo que existe a su alrededor. Y está comprobado que a más descubrimientos, más miedos.

Cómo actuar

  • Procura mantener las rutinas diarias. Al pequeño le asusta lo que no conoce o no comprende y, en cambio, le reconforta lo conocido y lo previsible. En este sentido, para él resultan muy tranquilizadores los rituales diarios (el paseo, el baño con sus juguetes, el cuento de antes de dormir…), ya que le permiten saber lo que va a ocurrir a continuación, anticiparse a los hechos.
  • Si continúa temiendo las despedidas, cuando te vayas dile siempre adiós y explícale cuándo vas a volver. Si te vas sin despedirte, cuando descubra que te has ido se sentirá abandonado y esto prolongará su temor. Y déjale algún objeto tuyo, para que le sirva de puente entre estar contigo y sin ti.
  • Si le da miedo la oscuridad, deja una luz piloto encendida o una lámpara que él pueda encender. Y durante unos días, los peores, permítele dormir con su hermano o contigo.
  • Para evitar su temor a los fenómenos naturales, léele libros sobre el tema y anímale a que los dibuje. Y si un día hay una tormenta, mientras dure quédate a su lado.
  • Con niños a los que les asusta la bañera grande funciona muy bien bañarlos en ella, pero dentro de un barreño con poca agua e ir aumentando el nivel cada día. También ayuda dejarles jugar con agua y recipientes.
  • Por último, si le asusta un animal cógele en brazos y observadlo juntos, manteniendo la distancia que el niño necesite y dejando claro que tú no tienes miedo. Explícale cosas interesantes sobre los perros o los gatos, por ejemplo, y léele cuentos sobre ellos.

¿Y a los 3 y los 4 años?

En esta etapa el niño aprende mucho, pero no logra asimilarlo todo y como no tiene una noción clara de las proporciones, cree que si el agua de la bañera se va por el desagüe, a él le pasará lo mismo.

Además, todavía no distingue entre la fantasía y la realidad y le parece real lo que sueña. Por eso en esta fase son muy comunes los miedos nocturnos.

Otros temores habituales son a los payasos, a Papá Noel… El miedo a los monstruos aparece hacia el tercer cumpleaños. El niño está aprendiendo a distinguir el bien y el mal y estos personajes representan lo peor.

Cómo actuar

  • Si el pequeño tiene miedo al desagüe o al secador, evita en la medida de lo posible exponerle a ellos y cuando no tengas más remedio que hacerlo, avísale con tiempo.
  • Si teme a las personas que van disfrazadas no le fuerces a acercarse a ellas y deja que las observe junto a ti a un cierta distancia.
  • Quédate un rato a su lado si llora cuando le acuestas, acude rápidamente si te llama en medio de la noche o permite que duerma contigo algunos días mientras dura esta fase.
  • Además, controla mucho los programas que ve en la televisión, ya que pueden despertar nuevos temores en él. Y si lo que le asusta son las brujas, los fantasmas y los monstruos, déjale hablar de ello y antes de acostarle explícale que en casa está seguro.

Los temores de 5 años en adelante

Su mundo se amplía y el niño entra en una etapa llena de incógnitas: “si no voy al colegio, ¿vendrá la policía?” Y en la oscuridad, una sombra puede ser un fantasma que le está observando: todavía tiene dificultades para distinguir entre su fantasía y la realidad.

Por otro lado, a esta edad aumentan las expectativas sobre él y esto le causa inquietud. Los miedos también pueden aparecer a consecuencia de algún acontecimiento que cambie sus rutinas.

Además, como está en la fase del pensamiento mágico (“lo que pienso, ocurre”), cuando pasan cosas como un divorcio o una enfermedad en la familia, puede culparse a sí mismo.

También teme al dolor y la sangre. Y no quiere que le corten el pelo y las uñas, pues vive estos actos como agresiones contra su integridad física.

Cómo actuar

  • Habla con tu hijo para que te cuente sus miedos y enséñale palabras para definir sus sentimientos. También puedes animarle a pintar, ya que los dibujos son una buena forma de expresar lo que le asusta.
  • No le exijas demasiado. Cada niño tiene su ritmo de desarrollo y si le comparas con otros amigos, temerá decepcionarte.
  • Si siente temor ante la sangre, ponle una tirita cuando se haga cualquier rasguño. Así entenderá que su cuerpo vuelve a estar entero (según él). Y, si se hace una herida que sangra más, intenta no demostrar que estás asustada y cúrale tranquilamente.

 

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